LA ISLA BONITA
Es pequeña, bonita y coqueta. Y es una isla, la isla de La Palma, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Es la Isla Bonita.

Extraordinariamente bonita: por sus diversos paisajes, por sus volcanes, por sus playas de arena negra y sus cielos estrellados.

Por sus bosques de tilos y laurisilva, por sus cascadas… Es un enclave natural que asombra y enamora. Sus elevadas cimas y sus calderas de ardiente recuerdo son fieles testigos del origen volcánico de este entorno.

Los sentidos se despiertan recorriendo sus senderos mientras nos asombra y asusta la fuerza de la Naturaleza, esa Naturaleza que no duda en mostrarnos su poder.

Una naturaleza que nos da y que nos quita. Madre amorosa y/o diosa enfurecida, los seres humanos estamos a su merced por más que algunos se crean superhéroes. La bondad y el dominio de la naturaleza se sienten y presienten en esta diminuta isla.

La Isla Bonita. Un nombre muy apropiado y establecido de manera oficial en diferentes publicaciones desde 1957. Nada que ver con Madonna, aunque su canción sea preciosa. Santa Cruz de la Palma es la capital de la isla.

Una villa cargada de historia, relatos y leyendas. Con preciosas plazas y vistosos balcones.

Con una hermosa iglesia matriz de el Salvador y un Barco de la Virgen.

El Puerto de Tazacorte es también un lugar destacado de la isla. Allí arribaron los conquistadores españoles en septiembre de 1492. Allí se edificó la primera ermita, la de San Miguel. Y allí se encuentra el único museo de Europa dedicado al plátano. No pude visitarlo, pero me lo apunto.

Hasta aquí mi relato, no quiero ponerme pesada. Ahora repasaré las fotografías para dar fe de todo lo que cuento, pero ¡ojo!, la realidad siempre será mucho más hermosa. ¡Mucho más BONITA!

Eloína Calvete García
