Desafiando las predicciones meteorológicas iniciamos la marcha hacia el Valle Ventoso. Recorrer la campiña que rodea Gerena bien merece el riesgo y el esfuerzo. Seguimos a Eduardo, guía de cabeza; y Luismi, guía de cola, nos va desvelando el importante pasado minero de esta zona sevillana. 

El granito forma parte de la historia de Gerena y las inmensas moles de roca asoman en el paisaje para confirmarlo. Caminamos a buen ritmo, atravesando campos agostados, contemplando encinas centenarias y jóvenes olivos. 

Del Guadiamar apenas podemos contemplar una pequeña laguna. La pertinaz sequía que sufre la campiña altera el paisaje. Según los lugareños, hasta el aire parece escasear en el Valle Ventoso cuando el río baja seco.

En un viejo molino hacemos la parada acostumbrada y la foto de grupo. Las nubes siguen sobre nosotros, aunque ya no parecen amenazantes. Creo que todos esperamos que por fin descarguen, aun a riesgo de mojarnos. Poco nos falta para cantar a la Virgen  de la Cueva implorando lluvia. Quizás, constatar la necesidad de agua por estas tierras nos hace considerar la mojadura como un mal menor, pero no hay suerte. Volvemos al pueblo a la hora de comer, tan secos como comenzamos, a pesar de las predicciones.

Y llegamos a La Bomba. Sí, como suena, La Bomba. Una taberna- galería que exhibe, entre potes y mesas, una hermosa colección de obras de arte natural. Esculturas realizadas con raíces de árboles. Una sorpresa que tenemos que agradecer a Eduardo. Él nos ha conducido a este lugar mágico y encantador seguro de que sabremos apreciar su magia. Incluso conocemos al artista. El escultor Juan Fernández Mayo nos explica su forma de trabajar, de darle nueva vida a las encrespadas raíces. El hombre y la naturaleza enlazados con maestría, con una destreza original reconocida y apreciada por todos. 

Volvemos satisfechos. Gerena y el Valle Ventoso nos han ofrecido lo mejor. A pesar de la sequía y los nubarrones el entorno de la campiña sevillana nunca desmerece. Las lluvias llegarán y el paisaje recobrará su esplendor; mientras tanto, seguiremos recorriendo los senderos. Vinculados a la naturaleza de una u otra forma. Enraizados con ella, como el escultor gerenero. 

Eloína Calvete García

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