Paralela al río Odeleite, en Portugal, transcurrió la última ruta senderista de la temporada. El sinuoso río da nombre a la freguesía lusitana desde la cual partimos; y en un alarde de generosidad, también lo cede al pueblo al que nos dirigíamos: Foz de Odelelite.

De principio a fin recorrimos el sendero acompañados por el leve rumor de su corriente. Una curiosa y serpenteante ruta que imitaba su cauce, que trazaba curvas cuando la corriente dibujaba meandros, que parecía no querer perder de vista la orilla mientras nos conducía a nuestro destino. Un destino ligado a otras aguas, a otro río.

Pero antes, el ansiado descanso. Un almuerzo típico acompañado de canciones y sonrisas. Sardinas aderezadas con música de acordeón y palmas. Pollo acompañado de abrazos y recuerdos. Bailes y piscina, naranjas y café. Momentos de distensión y amistad en esta última ruta senderista de la temporada. Instantes para rememorar durante el parón veraniego. Sin nostalgia, con entusiasmo. Con ganas de empezar sin haber terminado. Presagiando nuevas aventuras andariegas repletas de sorpresas.

Y aún nos esperaba un espléndido final que, como ya apuntaba, iba ligado a otras aguas, a otro río. Un río más ancho, más caudaloso, también serpenteante, menos silencioso: el  Guadiana. Sí, el crucero fluvial resultó el remate perfecto para un completo día de senderismo y cordialidad. Más música, más bailes, más palmas, más sonrisas mientras navegábamos. Creo que todos pensábamos lo mismo: dos meses pasan volando, pronto los rigores del verano darán paso al otoño. Y volveremos al camino…

Eloína Calvete García

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