La leyenda del rey moro Jayón y su hija Erminda que circula por tierras extremeñas describe la milagrosa construcción de la ermita de la Virgen de Ara; y justifica el nombre dado al magnífico enclave natural que es la mina Jayona. Fábulas aparte, ambos monumentos merecen una visita detallada. Y eso hicimos en nuestra completa ruta senderista del pasado sábado. 

La jornada comenzó bien temprano, teníamos mucho que ver. Jose y Juanjo, nuestros guías senderistas, nos amenizaron el viaje en bus relatando historias y leyendas de la zona. Cuando llegamos al yacimiento férrico, Ara, una de las guías oficiales del lugar, completó el relato minero con datos y cifras reales de una antiquísima explotación convertida en atractivo turístico de primer orden. 

La mina La Jayona es un interesante ejemplo de antiguos filones abandonados que se reciclan, que se transforman en centros de interpretación de la historia del ser humano y su compleja relación con la naturaleza. Ya no circulan vagonetas por las galerías, ni chirrían traviesas entre los distintos niveles, ahora solo se escuchan los chillidos de las aves que la habitan, los flashes de la cámaras y  los murmullos de admiración de los visitantes ante este monumento natural. 

Y tras la exhaustiva visita por los distintos niveles de la mina, vuelta al camino. Nos esperaba otro tipo de monumento, otra edificación con historia y leyenda, la ermita de la Virgen de Ara. Mucho y bueno se puede escribir sobre esta iglesia, pero faltarían palabras para hacer honor a la verdad. Es necesario visitarla para comprender por qué la llaman “la capilla Sixtina de Extremadura”. 

Hay que ver para creer, hay que visitarla para apreciar su valor más allá de creencias religiosas. No es una cuestión de fe, es saber valorar un magnífico ejemplo de la capacidad del ser humano para crear belleza en cualquier entorno. Es de justicia reconocer, recordarnos esa facultad creativa que a veces olvidamos ante las calamidades medioambientales llevadas a cabo en nombre del progreso…

Ya estábamos contentos con la jornada y aun nos esperaba más. Otro sendero, un buen almuerzo y la última visita del día. Una ruta ascendente, tutelados  por Jose, Eduardo y Juanjo, hacia Fuente del Arco, hacia un mesón en el que reponer fuerzas. Cansados y sudorosos dimos cuenta de la comida mientras comentábamos el camino recorrido. Satisfechos pero dispuestos a rematar la ruta visitando los restos del teatro romano de Regina. Llegamos justo a tiempo. El buen hacer de Jose nos permitió un rápido recorrido antes del cierre. Brillante punto y final para un completísimo día de senderismo. 

Una jornada completa en visitas y senderos, en experiencias y momentos, en charlas y discusiones sobre lo divino y lo humano. Ahora toca compartir fotografías y videos de la jornada, buenos recuerdos, sí; aunque creo que nada mejor que la propia e intima experiencia. Las tierras del rey Jayón bien merecen una visita. Una detallada visita para comprender su creciente y justa fama.

Eloína Calvete García

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