NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE

NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE

Repaso las fotografías de los senderos recorridos esta temporada, ellas me guiarán por mis recuerdos.

… Y vuelvo a Puerto Zumajo, punto de partida, casilla de inicio. Vuelvo a disfrutar de sus colores, de la alegría con la que vivimos la jornada senderista que inauguraba la temporada. Hermosas vistas, apetitosa paella, jaleosos baños, divertidos kajaks. Música y baile.

Y del puerto al cerro, al Cerro del Hierro. Una ruta entre rocas milenarias y  oscuras cuevas. Admirando los colores terrosos de un paisaje singular. Con nubes amenazantes que presagian lluvia y plantas trepadoras desafiando alturas. Así entramos en el otoño.

Y después nos fuimos de feria, a catar los primeros mostos entre castañares y setas. Caminando por senderos alfombrados de hojas, subiendo a elevadas fortalezas, descubriendo torres, bajando a bellos pueblos de la campiña sevillana.

Constantina, El Pedroso, Écija. Rutas de senderismo campestre hermanadas con la cultura, con el conocimiento natural, arqueológico y social de nuestro entorno más cercano.

Y qué decir de Acinipo y Setenil. Camino de bandoleros jalonado de historias remotas y avatares recientes. Arcaicas ruinas romanas  y construcciones imposibles en la roca.

Setenil, cuya importancia histórica rivaliza con su belleza. Setenil, en la provincia de Cádiz, como Arcos de la Frontera. Pueblo de empinadas cuestas y bellos miradores, el municipio más poblado de la Sierra de Cádiz que recorrimos fascinados.  

Y justamente a Cádiz llegamos en otra visita. A Cádiz en fiestas, en pleno carnaval. Una ruta playera y festiva por el paseo marítimo. Disfraces, chirigotas y comparsas. Senderismo urbano con olor a sal y mar plateado.

El mismo mar que baña y dibuja la costa portuguesa de El Algarve. Las mismas olas que perfilan su hermoso paisaje y diseñan sus acantilados y cuevas. El mismo mar que divisamos recorriendo el penúltimo sendero. El penúltimo antes del cierre vacacional. Y en Portugal llegamos a la última casilla, un serpenteante sendero por tierras lusitanas. Con crucero fluvial. Con hermosas vistas y buena comida. Con música y baile.

Para terminar justo como empezamos. Con entusiasmo y alegría. Dispuestos a volver al punto de partida para inaugurar una nueva temporada senderista. Para disfrutar de la naturaleza y compartir emociones con los compañeros de ruta. Para conocer nuevos senderos o volver a vivir los ya recorridos.

Hasta pronto. Nos vemos en la casilla de inicio.

Nos vemos en septiembre, en Puerto Zumajo.

Eloina Calvete García

CORREDOR VERDE DE CHIPIONA

CORREDOR VERDE DE CHIPIONA

La ruta senderista por el Corredor Verde del Litoral Costa Ballena Chipiona comenzó por un sendero de tablas. Dejamos atrás el Centro de Interpretación de la Naturaleza y el Litoral ‘El Camaleón’ con la esperanza de distinguir algún ejemplar de fauna autóctona, pero solo un veloz conejo, creo que sin chistera, apareció y desapareció entre las matas sin siquiera darnos tiempo a enfocarlo. Otra vez será. 

Al terminar la senda de tablas, antes de proseguir con la segunda parte de la ruta, nos detuvimos en un hermoso parque para reponer fuerzas.

E iniciamos el camino por la playa hasta llegar a Chipiona. Comenzaba a apretar el calor cuando por fin avistamos el faro. Aunque quedaba lejos todavía, su visión nos ayudó a dar el penúltimo empujón.

Concluida la ruta ‘oficial’, el resto del día quedaba libre para que cada cual lo disfrutase a su manera. Siete u ocho de nosotros decidimos visitar el faro y el castillo antes de pasar un rato en la playa.

No hubo suerte. No nos dejaron subir al faro; y del castillo solo pudimos recorrer la planta baja. Las plantas superiores ya estaban cerradas. Otra vez será. 

Visto lo visto (o lo ‘no visto’), decidimos ‘consolarnos’ en la bodega El Castillito. Buenas tapas, cerveza fresquita y charla distendida comentando la ruta y el calor. Tras el chapuzón playero, nos quedaban pendientes el café, los helados y la obligada visita al Santuario antes de volver al bus.

Y así lo hicimos, sin prisa pero sin pausa. Nos dio tiempo a todo en otra agradable ruta senderista compartida con amigos de siempre y nuevos compañeros. 

Cuelgo alguna fotos que recogen mi peculiar visión de la ruta y de Chipiona. Tengo más, sí, algunas más, aunque mejor las guardo para no cansar al personal. Hasta la próxima. 

Eloina Calvete García

EL CERRO DEL HIERRO

EL CERRO DEL HIERRO

La ruta comenzó con el cielo encapotado. Las nubes amenazaban con descargar sobre nosotros, pero ya estábamos allí, en El Cerro del Hierro. Y no era cuestión de amilanarse por unas gotas de agua.

A medida que ascendíamos el paisaje se transformaba, dejábamos atrás la dehesa y nos adentrábamos entre rocas milenarias por estrechas veredas y oscuras cuevas.

Teníamos que estar pendientes del suelo, del barro, de los charcos formados por las recientes lluvias, pero mirábamos absortos hacia arriba, hacia las inmensas moles rocosas que nos rodeaban mientras apartábamos la espesa vegetación que crecía salvaje entre las piedras.

Las plantas se abrían paso, trepaban aquí y allá creando una peculiar simbiosis con la roca inerte. Transformando el paisaje en un maravilloso ejemplo de convivencia natural.

Subimos y bajamos laderas, atravesamos cañadas y cruzamos grutas entre vetustas peñas. Recorrimos las distintas sendas pasmados ante la belleza de tan singular paisaje. E hicimos muchas, muchas fotografías.

Tras la pausa de avituallamiento, en la recta final de la ruta senderista, volvimos a la dehesa. Cruzamos El Rebollar, un bosque formado por distintos tipos de roble característicos de la Sierra de Sevilla. Un último y sencillo tramo que nos devolvió al punto de partida, a la pequeña aldea denominada El Cerro del Hierro. 

Aquí dejo algunas de mis fotografías, me ha resultado difícil elegir entre todas las que me traje. Espero que sepan reflejar la belleza del entorno que recorrimos. Por cierto, a pesar de los negros nubarrones que nos acompañaron la mayor parte del camino, no nos cayó ni una gota de agua. Una verdadera suerte.

Eloína Calvete García

DE CASTAÑOS, SETAS Y MOSTO

DE CASTAÑOS, SETAS Y MOSTO

Comenzamos la ruta senderista con un aliciente añadido. Tras la andadura por Los Castañares y la subida al castillo de Constantina, nos esperaba la Feria del Mosto en ese recoleto pueblo de la Sierra Norte sevillana.

El sendero se abría ante nosotros con una hermosa mezcla de colores otoñales. El suelo, alfombrado de hojas púrpuras, parecía competir con el esplendoroso colorido de algunos árboles del camino.

Una competición a la que se añadía la curiosa variedad de setas que íbamos encontrando a lo largo del sendero. En oscuro rincones, junto a las raíces de los árboles, en los lugares más insospechados crecen estos interesantes hongos tan desconocidos para mí, una urbanita que apenas empieza a descifrar los misterios de la naturaleza.

Reconozco que me dejé atrapar por el encanto de esas diminutas plantas y sus notables formaciones. A mis fotografías me remito. Y en ello estaba cuando asomó la imagen del castillo. Al girar en una curva aparecieron los primeros adobes de la histórica construcción rehabilitada. Tras la belleza y magnificencia de la madre naturaleza, esta obra del hombre me resultó un curioso contrapunto para finalizar el sendero.

Porque, aunque parece que andamos en eterna pugna, ser humano versus naturaleza, lo cierto es que estamos ‘condenados’ a entendernos. Por nuestro propio bien… Y dejando atrás mis disquisiciones cuasi naturalistas, todavía me queda comentar la segunda parte de la jornada. Ese aliciente añadido que completó tres autocares para esta ruta: el paseo por la Feria del Mosto. ¿Y qué puedo decir? Mucho y todo bueno. Buenas tapas, buenos precios, buen mosto y buena gente.

Y concluyo, para no ser pesada, destacando el buen ambiente antes, durante y después del recorrido senderista. La jornada resultó repleta y completa: sorpresas micológicas, construcciones medievales, gustosa bebida, sabroso almuerzo y agradable compañía. ¿Qué más se puede pedir?

Eloina Calvete García

¡CARNAVAL, CARNAVAL!

¡CARNAVAL, CARNAVAL!

Cádiz nos recibió con su mejor sonrisa. Con sus máscaras y pasacalles. Con su olor a sal y su mar plateado. Con sus gaviotas siempre alerta, vigilantes, dominando las alturas, siguiendo nuestra ruta.

Una ruta costera y circular que nos permitió vislumbrar lo más hermoso de la antiquísima ciudad andaluza.

Caminamos rodeados de gente disfrazada, y sin disfraz. De todas las edades, de todos los lugares, de toda condición; aunque hermanados en ganas de complacerse. Con ansias de disfrutar del día, del sol, de la brisa y la jarana. Deseosos de dejar atrás por unas horas la formalidad cotidiana, la mesura y la sensatez. Ávidos de sonrisas y alegría.

Pronto nos contagió el ambiente y recorrimos el atestado paseo y las concurridas calles y plazas. Cantamos cuando había que cantar, bailamos cuando fue menester, y aplaudimos las acertadas letrillas de comparsas y chirigotas celebrando ese humor socarrón tan gaditano. Ese que no deja ‘títere con cabeza’.

Sí, Cádiz nos recibió con su mejor sonrisa. Y nos obsequió con una peculiar jornada senderista que concluyó ya de noche. Llegamos con el sol y nos despedimos con el brillo de las luces que adornaban la ciudad.

Espero que mis fotografías estén a la altura, que reflejen el maremágnum de sensaciones vividas en ‘la tacita de plata’. En la milenaria urbe acostumbrada a sorpresivas invasiones. Aunque ahora es ella la que decide cuándo y cómo abre sus puertas. Durante el carnaval Cádiz franquea la entrada a todo aquel que necesite alegría y regocijo. Con máscaras o sin máscaras, con pelucas o con plumas. Con tacones o botines, con mochilas o maletas. Todos, todos tienen cabida. Pero absténganse aburridos, disgustados y cansinos. 

Eloina Calvete García

UNA RUTA DISTINTA

UNA RUTA DISTINTA

Hoy no puedo escribir sobre senderos poblados de hojas, ni sobre maravillosas y escurridizas setas. Hoy escribiré sobre vetustas piedras, blancas y empinadas calles y encumbrados miradores con vistas espectaculares.

Porque la ruta senderista de ayer fue distinta, aunque no menos atractiva. Nuestro paseo por el pueblo de Arcos de la Frontera fue un premio. Sí, literalmente, un premio. El premio de Senderismo Sevilla a los ganadores del concurso fotográfico que anualmente convoca. Y me alegra decir que me encontraba entre ellos.

No pudieron acudir todos los galardonados, así que formábamos un pequeño y bien avenido grupo que marchaba en pos de Carlos, nuestro guía, dispuestos a disfrutar del premio

Durante el recorrido monumental visitamos el histórico castillo que se alza majestuoso sobre el pueblo y paseamos por las recoletas calles teñidas de blanco.

Entre antiguas iglesias y casas palacio serpentean las estrechas callejuelas de casas encaladas; ofrecen un armonioso contraste la vieja piedra desgastada por los años y el blanco casi inmaculado de las construcciones más recientes

Mención especial merece un restaurante situado en lo que antes eran las mazmorras del castillo. Se puede visitar sin compromiso de consumición. Está curiosamente decorado con utensilios y herramientas de antaño; y conserva una pequeña fuente de la que mana agua desde tiempos inmemoriales. Me pareció una muy buena forma de ‘reutilizar’ un lugar de siniestro recuerdo.

Después del recorrido, un suculento almuerzo vino a rematar una jornada senderista diferente, pero, como ya señalo arriba, no menos atractiva.

Y hasta aquí mi relato, ahora cuelgo mis fotografías de calles y castillo, de piedras y cal; aunque alguna que otra planta se ha colado. Ya se sabe, la naturaleza asoma por donde quiere, puede o la dejan…

Eloina Calvete García

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