Hemos vuelto a la ribera del Huéznar. Y el río, para compensar su menguado caudal, nos recibió tapizado de hojas multicolores. El suelo alfombrado de hojarasca rivalizaba con el lecho de la corriente. Y con los coloreados árboles de la orilla. Los matices otoñales resplandecían a nuestro alrededor cuando iniciamos la marcha. Capitaneados por Jose y Belén atravesamos trochas y senderos buscando las cascadas; subiendo y bajando lomas, andando y desandando veredas en pos del esquivo torrente.

La escasez de lluvias se hizo evidente en algunas zonas, aunque la belleza del paisaje y el habitual entusiasmo de nuestros guías nos compensaron. Gracias a ellos pudimos encontrar los más recónditos parajes sorteando las dificultades del terreno con imaginación y destreza. Una cinta aquí y una mano allá para salvar los escollos con el mejor ánimo senderista hasta alcanzar la meta. Hasta llegar a los pequeños arroyos escoltados por los suaves murmullos del agua y el susurro de las hojas mecidas por el viento.

Luce hermosa la ribera del Huéznar en otoño. Con una belleza que invita a volver. En otra estación, en otra ocasión. Por otras veredas, por otros caminos. Quizás entonces el río discurra con más caudal y la fuerza del agua arrastre la hojarasca. El paisaje estará cambiado. Brillarán otros colores y será otro el atractivo de estos parajes. Un atractivo distinto pero igual de espléndido.

Por eso volvemos. Porque las orillas del Huéznar siempre nos ofrecen nuevos rincones que admirar y fotografiar. Recovecos escondidos y asombrosos reflejos. Distintas perspectivas que asoman con solo cambiar nuestra mirada, nuestro objetivo. Por eso volvemos.

Eloína Calvete García

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