EL HUÉZNAR

EL HUÉZNAR

Hemos vuelto a la ribera del Huéznar. Y el río, para compensar su menguado caudal, nos recibió tapizado de hojas multicolores. El suelo alfombrado de hojarasca rivalizaba con el lecho de la corriente. Y con los coloreados árboles de la orilla. Los matices otoñales resplandecían a nuestro alrededor cuando iniciamos la marcha. Capitaneados por Jose y Belén atravesamos trochas y senderos buscando las cascadas; subiendo y bajando lomas, andando y desandando veredas en pos del esquivo torrente.

La escasez de lluvias se hizo evidente en algunas zonas, aunque la belleza del paisaje y el habitual entusiasmo de nuestros guías nos compensaron. Gracias a ellos pudimos encontrar los más recónditos parajes sorteando las dificultades del terreno con imaginación y destreza. Una cinta aquí y una mano allá para salvar los escollos con el mejor ánimo senderista hasta alcanzar la meta. Hasta llegar a los pequeños arroyos escoltados por los suaves murmullos del agua y el susurro de las hojas mecidas por el viento.

Luce hermosa la ribera del Huéznar en otoño. Con una belleza que invita a volver. En otra estación, en otra ocasión. Por otras veredas, por otros caminos. Quizás entonces el río discurra con más caudal y la fuerza del agua arrastre la hojarasca. El paisaje estará cambiado. Brillarán otros colores y será otro el atractivo de estos parajes. Un atractivo distinto pero igual de espléndido.

Por eso volvemos. Porque las orillas del Huéznar siempre nos ofrecen nuevos rincones que admirar y fotografiar. Recovecos escondidos y asombrosos reflejos. Distintas perspectivas que asoman con solo cambiar nuestra mirada, nuestro objetivo. Por eso volvemos.

Eloína Calvete García

EL VALLE VENTOSO

EL VALLE VENTOSO

Desafiando las predicciones meteorológicas iniciamos la marcha hacia el Valle Ventoso. Recorrer la campiña que rodea Gerena bien merece el riesgo y el esfuerzo. Seguimos a Eduardo, guía de cabeza; y Luismi, guía de cola, nos va desvelando el importante pasado minero de esta zona sevillana. 

El granito forma parte de la historia de Gerena y las inmensas moles de roca asoman en el paisaje para confirmarlo. Caminamos a buen ritmo, atravesando campos agostados, contemplando encinas centenarias y jóvenes olivos. 

Del Guadiamar apenas podemos contemplar una pequeña laguna. La pertinaz sequía que sufre la campiña altera el paisaje. Según los lugareños, hasta el aire parece escasear en el Valle Ventoso cuando el río baja seco.

En un viejo molino hacemos la parada acostumbrada y la foto de grupo. Las nubes siguen sobre nosotros, aunque ya no parecen amenazantes. Creo que todos esperamos que por fin descarguen, aun a riesgo de mojarnos. Poco nos falta para cantar a la Virgen  de la Cueva implorando lluvia. Quizás, constatar la necesidad de agua por estas tierras nos hace considerar la mojadura como un mal menor, pero no hay suerte. Volvemos al pueblo a la hora de comer, tan secos como comenzamos, a pesar de las predicciones.

Y llegamos a La Bomba. Sí, como suena, La Bomba. Una taberna- galería que exhibe, entre potes y mesas, una hermosa colección de obras de arte natural. Esculturas realizadas con raíces de árboles. Una sorpresa que tenemos que agradecer a Eduardo. Él nos ha conducido a este lugar mágico y encantador seguro de que sabremos apreciar su magia. Incluso conocemos al artista. El escultor Juan Fernández Mayo nos explica su forma de trabajar, de darle nueva vida a las encrespadas raíces. El hombre y la naturaleza enlazados con maestría, con una destreza original reconocida y apreciada por todos. 

Volvemos satisfechos. Gerena y el Valle Ventoso nos han ofrecido lo mejor. A pesar de la sequía y los nubarrones el entorno de la campiña sevillana nunca desmerece. Las lluvias llegarán y el paisaje recobrará su esplendor; mientras tanto, seguiremos recorriendo los senderos. Vinculados a la naturaleza de una u otra forma. Enraizados con ella, como el escultor gerenero. 

Eloína Calvete García

LA RIBERA DEL GUADAIRA

LA RIBERA DEL GUADAIRA

La ruta vespertina por los molinos de la ribera del rio Guadaira nos ofreció un hermoso contraste de luminosidad y crepúsculo. Recorrimos una parte del bosque de galería que conforma el  parque de Oromana y vimos asomar, entre la tupida vegetación, las antiguas construcciones dedicadas a la molienda del trigo en la orilla opuesta a nuestro sendero. Edificaciones cargadas de historia que aún mantienen su encanto original. 

Seguíamos las explicaciones de Luismi, nuestro guía. Y descubrimos setas que nacen en árboles moribundos, plantas que se abrazan y aves viajeras. Los niños del grupo disfrutaron de lo lindo correteando entre hojas y piedras mientras los mayores admirábamos las composiciones vegetales de la naturaleza en armonía con las obras humanas. Los molinos y la frondosa vegetación del parque se complementan y diseñan un hermoso conjunto a ambos lados del río alcalareño.

Comenzaba a caer la tarde cuando dimos por terminada la ruta. Los últimos rayos de sol lidiaban por asomarse entre las hojas y el bosque lucía los primeros colores de un otoño que se retrasa. El camino se nos hizo corto. Pero seguro que volveremos para admirar otros molinos, para disfrutar del parque en otra época del año; para volver a sorprendernos con el armonioso ajuste de arquitecturas que presenta la ribera del Guadaira a su paso por Alcalá.

Eloína Calvete García

EL SENDERO Y LA BRUMA

EL SENDERO Y LA BRUMA

Dejamos atrás el mar cuando iniciamos la ruta senderista por el cabo Roche. Y nos adentramos en los pinares. La frondosa vegetación hacía más llevadera la veraniega mañana. Formábamos un numeroso y  heterogéneo grupo con senderistas infantiles y caninos.

Siguiendo las indicaciones de Eduardo, Ana y Luismi, nuestros avezados guías, caminábamos por trochas y cañadas paralelas al río Roche. Recorríamos los  senderos mientras Luismi nos descubría los restos de coral y conchas marinas escondidos en la arena, restos que nos habrían pasado desapercibidos.

 Vestigios del pasado remoto de las costas gaditanas. Y entonces el mar se empeñó en acompañarnos. Ese mar que siglos atrás cubría la zona de pinares vino a reclamar su espacio. Y envió la bruma.

Una bruma que nos impidió divisar la costa africana cuando llegamos al faro de Roche, aunque sabíamos que estaba ahí, muy cerca. La belleza del paisaje rocoso que nos rodeaba fue más que suficiente para alejar cualquier frustración. Continuamos la marcha por los acantilados, sobre el océano, observando el batir de las olas en las rocas, esperando que se disiparan los últimos hilos de niebla.

La parte final de la ruta discurrió entre pequeñas calas. Atravesamos puentes, bajamos y subimos escalerillas acercándonos al mar. Y recorrimos la orilla de la playa hasta llegar al pequeño chiringuito que se convirtió en punto de reunión de nuestra troupe senderista. Cansados pero satisfechos dimos cuenta de bocatas y bebidas refrescantes mientras comentábamos el camino. En nuestra retina quedaron hermosas imágenes de pinares y riberas, de fósiles y acantilados, de olas  y rompientes.

Imágenes de una ruta que vuelvo a recorrer mirando las fotografías. En ellas apenas se percibe la bruma, aunque puedo asegurar que estuvo ahí. El mar nos la envió, ese mar que no quiso quedarse atrás; que se empeñó en acompañarnos como un senderista más.

Eloína Calvete García

ENTRE PARQUES

ENTRE PARQUES

Entre parques comenzó el senderismo ‘ciudadano’. Entre dos de los pulmones verdes más importantes de Sevilla. Desde el parque de Los Príncipes al parque de María Luisa.

En un hermoso y didáctico recorrido aprendimos y recordamos. Aprendimos con Luismi, nuestro guía, sobre animales y plantas más o menos exóticas que habitan y adornan los jardines sevillanos.

Plantas de nombres insólitos y hermosa apariencia, animales de orígenes lejanos que ahora nos son familiares. Aprendimos sobre la marcha, o mejor dicho, aprendimos en marcha. Recorriendo los senderos. Escudriñando rincones que suelen pasar desapercibidos.

Y de parque a parque. Atrás dejamos el vergel del barrio de Los Remedios para dirigirnos al jardín más emblemático de Sevilla. Caía la tarde, asomaban las nubes mientras cruzábamos el puente sobre el Guadalquivir.

Y el histórico pasado de Sevilla se hizo presente al rememorar gestas descubridoras y exposiciones universales con las explicaciones de Luismi.  

Revoloteaban por nuestra memoria nombres y fechas que compartimos mientras contemplábamos una pequeña parte del hermoso legado arquitectónico y escultórico que adorna este jardín sevillano. Cuando las luces del parque se encendieron, llegó la hora de despedirse, de dar por concluida la primera ruta vespertina por la ciudad

La semana próxima volveremos a vernos para seguir descubriendo lugares cercanos. La novedosa apuesta de Senderismo Sevilla es prometedora. Recorridos por la ciudad, mañaneros y vespertinos, para aprender y recordar. Para caminar y compartir. Nos esperan las dársenas sevillanas, los molinos del Guadaíra, los pabellones del 29… 

Hay mucho que escudriñar en esta ciudad nuestra.  

Nos vemos pronto, nos vemos por Sevilla.

ELOINA CALVETE GARCIA

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