DOBLE JORNADA SENDERISTA EN EL RÍO TINTO

DOBLE JORNADA SENDERISTA EN EL RÍO TINTO

El pasado sábado nuestra jornada senderista discurrió por la zona minera de Riotinto, Huelva. Fue una doble jornada completa y repleta. Completa porque disfrutamos de un sol radiante la mayor parte del día, un sol que atemperó el frío inicial.

Completa porque disfrutamos de un sol radiante la mayor parte del día, un sol que atemperó el frío inicial. Y repleta de luminosos colores que destacaban entre el cielo y el suelo.

Verdes, ocres, azules y anaranjados brillantes en medio de una paisaje exclusivo y generoso. En medio de una naturaleza que nos ofreció lo mejor de sí misma.

Nos acercamos a esta reconocida zona de la sierra onubense atraídos por su belleza. Capitaneados por Ana y Eduardo, nuestros experimentados guías, recorrimos los senderos y en lugares destacados nos detuvimos a escuchar atentos las explicaciones de Virginia, gerente de Paseos por Sevilla, y nueva colaboradora de Senderismo Sevilla

Con ella nos adentramos en la historia y la prehistoria de la región, desde que nuestros antepasados erigieron el Dolmen Mascotejo hasta el establecimiento de unas minas dirigidas por la Rio Tinto Company Limited y la visita a la zona de la Agencia Espacial Norteamericana, la NASA. Una interesante y peculiar narración ‎que añade aún más encanto a un entorno ya de por sí único y original.

Subimos colinas y bajamos laderas. Atravesamos un antiguo túnel y caminamos por las abandonadas vías férreas de un paisaje naturalmente protegido alrededor del Río Tinto. Tras un rápido almuerzo comenzó la segunda parte de la jornada.

La Peña del Hierro en Nerva, hermosa mina a cielo abierto, deslumbra por su juego de colores. Subimos una ligera cuesta para poder contemplarla en todo su esplendor mientras una fina llovizna aligeraba nuestros pasos. Y al final, un espectacular arco iris puso el broche de oro a nuestra doble ruta senderista.

Supongo que ahora estaréis de acuerdo con lo escrito anteriormente. Nuestra doble jornada resultó completa y repleta. Una exuberante naturaleza en un espectacular paisaje, unos excelentes guías y una justa interpretación histórica. Además de un sinfín de fotografías para guardar con ellas el recuerdo de esta original ruta.  Sí, una doble jornada senderista original, completa y repleta.

Eloína Calvete García

 

EL ARROYO DE LA SEBASTIANA

EL ARROYO DE LA SEBASTIANA

La ruta del pasado sábado por el Arroyo de La Sebastiana (Aznalcóllar) comenzó con una espectacular subida que puso a prueba nuestras mejores intenciones senderistas. Un buen ejercicio para iniciar un recorrido que nos deparaba gratas sorpresas.

Tras un corto tramo por carretera preparamos el descenso hacia la espesura, hacia una trocha que serpentea junto al arroyo, una vereda de frondosa vegetación que despertó nuestro espíritu aventurero.

Encinas, alcornoques, quejigos y matorrales en abigarrada estrechura parecían querer cerrarnos el paso. Pero nos adentramos por la generosa fronda con la emoción propia del urbanita que necesita conectar con la naturaleza para recuperar su equilibrio.

Con Eduardo, nuestro experimentado guía de cabeza, y Juanjo, chispeante guía de cola, recorrimos la angosta vereda admirando un entorno que ya anuncia la primavera. El rumor del arroyo nos acompañó en todo momento; y en algunos tramos el agua nos salía al paso para refrescar nuestra marcha.

Caminábamos en fila india, apartando con cuidado las ramas, acariciando las plantas para descubrir su fragancia, atentos al sendero y al paisaje; disfrutando de la generosa vegetación que nos ofrece la Sierra Norte sevillana. Conscientes y orgullosos del esfuerzo inicial que nos había llevado hasta allí. El hermoso entorno que atravesábamos era la merecida recompensa.

Dicen que todo esfuerzo tiene su galardón y así fue en nuestro caso. Los kilómetros de marcha y los metros de desnivel del sendero quedaron en pura anécdota cuando por fin llegamos a Aznalcóllar.

Tras el almuerzo y la sobremesa volvíamos a casa con una jubilosa sensación de bienestar ajena al cansancio. Porque justo aquí, al lado casi de la bulliciosa ciudad, la naturaleza se había revelado en todo su esplendor, la habíamos sentido especialmente cerca. Porque la naturaleza nos había envuelto y nuestra desazón urbanita se había desvanecido.

LOS MIRADORES Y EL CASTILLO DE COTE

LOS MIRADORES Y EL CASTILLO DE COTE

El Castillo de Cote se alza majestuoso en la Sierra de San Pablo. Su origen se remonta al siglo XIII, siendo una de las construcciones que formó parte de la llamada Banda Morisca, cinturón defensivo en la frontera con el  Reino Nazarí.

Castillo de Cote

Llegar hasta la cima de esta legendaria atalaya era nuestra meta en la ruta senderista del pasado sábado.

Los apuntes históricos, referidos por Ana en el bus, nos ubicaron en la zona antes de comenzar la subida. Partimos desde Montellano, municipio sevillano al que pertenece la serranía de San Pablo.

Se formaron cuatro grupos, cada uno con su guía particular. Ana, Carlos, Jose y Eduardo constituían el experto cuarteto dirigente. Bien pertrechados y animosos iniciamos el ascenso.

La subida se hizo más amena con las paradas en los miradores que jalonan el sendero. Unos balcones abiertos a magníficas vistas panorámicas que nos iban señalando la altura; hermosos rincones para recuperar el aliento y retomar la escalada

Por fin llegamos a los pies del castillo. Medio kilómetro de subida hasta alcanzar la ansiada meta. Las vetustas piedras nos dieron la bienvenida; las piedras y el viento que terminó de disipar las nubes para dejarnos contemplar absortos el soberbio paisaje que se divisa desde la cima.

Ajenos al cansancio, satisfechos por haber llegado. Satisfacción por partida doble en mi caso: 12,5 Km y 500 metros de desnivel positivo. Un segundo nivel senderista que he superado con ayuda de los animosos guías de Senderismo Sevilla Viajes.

Todos me han ayudado en un momento u otro, a todos tengo que agradecerles su entrega y apoyo. Sí, el esfuerzo merecía la pena.

Una última subida, un último tramo antes de iniciar el descenso al punto de partida para culminar una brillante jornada. Una jornada que se saldó con algún que otro incidente solventado de manera rápida y satisfactoria.

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Gajes del ‘oficio’ senderista que se resuelven con ánimo y buena disposición. Bien está lo que bien acaba; y nuestra caminata del pasado sábado concluyó con música y aplausos en el bus. Aplausos para guías y caminantes, aplausos para la naturaleza y sus senderos. Aplausos por y para la vida. Por y para la esperanza ante estas difíciles circunstancias que nos han tocado vivir.

Eloína Calvete García

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